9 abril, 2016

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Los dos, padre e hijo, cabían en la misma silla. En medio de una improvisada sala de espera en lo que una vez fue la terminal de llegadas de un aeropuerto abandonado en Atenas, hoy decrépito, y en medio de un montón más de gente que aguardaba su turno, los dos se lo tomaban con paciencia absoluta.

Es uno de esos raros casos en que la familia permanece unida: Elias, su padre, su madre y su hermana. A ellas no las llegué a conocer. A él sí, un chaval de lo más inquieto; y a su padre, con atención infinita para él. Llegaron desde Afganistán, huyendo de la violencia, cruzando el mar. Hoy entran dentro de esa enorme etiqueta de “refugiados”, más deshumanizadora que protectora para quienes piden asilo, y más vergonzante que de derecho para los países que deberían concederlo y no lo hacen.

Ahora viven en una tienda de campaña en una sala atestada de gente, sin intimidad, con ruido continuo, y con apenas las condiciones más básicas: raciones de comida, agua y baños. Pero sin libertad, sin vistas a un futuro y con toda la incertidumbre del mundo.

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Elias está enfermo. Lleva días tosiendo y con fiebre. Han esperado cuatro horas para ser atendidos por Katerina, la pediatra voluntaria de Médicos del Mundo, que no ha parado de ver niños y niñas enfermos en toda la tarde. Katerina está agotada, pero sabe que aún le quedan un par de niños y niñas más por atender. Sabe que hoy, además, cuenta con la ayuda de Bachar, un joven de 20 años, también refugiado afgano, que habla varios idiomas y se ofrece a hacer de intérprete (dice que así se mantiene ocupado y tiene menos tiempo para pensar). Sabe que en la consulta tienen muy pocos medicamentos, todos provenientes de donaciones particulares, y que hay condiciones graves que ella no puede resolver sobre la marcha. Sabe que Elias necesita vivir en mejores condiciones, pero también sabe que las escasas plazas con las que cuenta el albergue de Médicos del Mundo están saturadas, con más peticiones de las que pueden satisfacer, y que será difícil hacerles un hueco.

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Para Elias la consulta con la pediatra es un juego más. Katerina se lo gana con una sonrisa. Él sabe que van a cuidar de él y que va a ponerse mejor. También sabe que hoy la visita a la doctora con su padre será algo nuevo y diferente a la rutina de todos los días. Al poco de quitarse la sudadera para que Katerina le ausculte, también sabe que, si se porta bien, su padre le dará dos bolsas de patatas -unas chucherías- que le acaban de entregar.

A su padre, sin embargo, se le ve más angustiado. Sabe que si su hijo no mejora, tal vez lo tengan que llevar al hospital o comprar los medicamentos que no le puedan dar gratis. Sabe que ya han gastado mucho dinero en el viaje y que tal vez no se lo puedan permitir. Sabe que necesitan salir de la tienda de campaña y vivir en una casa, donde los chavales puedan hacer una vida normal e ir a la escuela. Sabe que Elias tiene dificultades para aprender y que necesitará un apoyo especial que tal vez no reciba. Sabe además que, por ser afganos, son casi “refugiados de segunda”, con más dificultades para solicitar asilo.

Pero ante todo, sabe que el suyo no es un problema de salud, sino mucho más complejo y a la vez más simple. Es un problema de vulneración de derechos, que no les dejan ejercer. A Elias, su familia, y a otros miles de refugiados/as se les impide alcanzar la protección tantas veces prometida por el deslumbrante continente europeo.

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El padre de Elias sabe que la agente de aduanas hace su trabajo; que el policía turco que no les permite subir en la balsa para cruzar el Egeo hace su trabajo; que hasta el traficante que les prometió un viaje seguro por una millonada para luego dejarles a la deriva con un chaleco salvavidas barato lo hace para ganarse la vida; que hasta el gobernante que firma un acuerdo inmoral e ilegal entre la Unión Europea y Turquía para lavarse las manos y la conciencia hace su trabajo.

El problema está en que nadie quiere saber quiénes son Elias y su padre, ni los derechos que tienen, ni lo que tienen que sufrir para, simplemente, poder vivir en paz.

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