4 junio, 2016
Y una sonrisa

¿Has pensado alguna vez dedicarte a esto?

Cuando cuento por ahí que soy cooperante y que en mi trabajo doy vueltas por el mundo, hay quien se pregunta de qué vivo (porque cree que los cooperantes somos esencialmente personas que vamos un mes al año a África a currar de gratis y hacernos selfies con chavalillos/as), hay quien le echa valor y me lo pregunta directamente, hay quien muestra indiferencia y bastante gente que suelta el típico “ay, yo siempre quise hacer eso”. Pero que no lo hizo. Por alguna razón.

De este último grupo hay quien realmente lo dice porque se lo ha planteado en serio, más como opción profesional que como idea romántica de juventud. O como ambas, que la juventud está para ser románticos y ser románticos nos hace jóvenes, carajo. Por desgracia, tal vez esta persona solamente se haya encontrado con la imagen dulcificada heróica hollywoodiense que nos vende la tele y (¡oh!) las campañas de captación de fondos de ONGs. Corre el riesgo, por tanto, de meterse en algo que no va a satisfacer sus expectativas o, por el contrario, de haberlo descartado como opción profesional. Para todos/as vosotros/as, algunas ideas:

1. Hay mil experiencias diferentes.

Ésta es la mía. Escribo en estos momentos desde debajo de un mosquitero en una pequeña ciudad del interior de Angola, a donde he venido a pasar un par de meses para apoyar las labores de control de un brote de fiebre amarilla. Tengo 34 años, soy médico, no completé el MIR de medicina preventiva (no me llenaba y a los dos años y medio de empezar envié una candidatura para un trabajo en cooperación para el que me seleccionaron, así que me fui), pero tengo un par de masters en salud pública. Llevo unos cuatro años y medio dedicado por completo a la cooperación en países africanos, como técnico de salud pública o coordinador de proyectos/programas de apoyo a sistemas públicos de salud.

Cualquier otra persona que trabaje (o haya trabajado en cooperación) te podrá contar su experiencia y será, posiblemente, diferente a la mía. No hay una sino muchas, del mismo modo que Médicos del Mundo no es Médicos sin Fronteras, que una ONG sanitaria no es lo mismo que una ONG que trabaje en educación, nutrición, fortalecimiento de sociedad civil, agua y saneamiento o protección de personas refugiadas, que una asociación o fundación no es lo mismo que una agencia gubernamental o de Naciones Unidas, que no es lo mismo trabajar en una zona rural o urbana, que no es lo mismo desarrollo que acción humanitaria, y que no es lo mismo trabajar en Bolivia que en Burkina Faso o Sri Lanka.

Voy a explicar algunos de estos aspectos pero, en cualquier caso, si realmente tienes curiosidad por meter la cabeza en este mundillo, no te quedes con lo que yo cuento por aquí. Pregunta a otros/as. Bucea.

122 milimetros

2. Te puedes dedicar profesionalmente a la cooperación.

Hay muchos programas de voluntariado, en tu barrio, en tu país y en muchos otros ahí afuera. Algunos mejores (en aspectos éticos, organizativos, formativos, etc) que otros, como en todo. Pero aunque muchos/as en este sector hayamos pasado por ambas fases, una cosa es ser voluntario/a y otra cosa es ser profesional.

La persona que realiza un voluntariado suele (debería) tener cubiertos sus gastos, tener acompañamiento de profesionales, y plantearse el voluntariado como una contribución altruista, pero también como una experiencia y una oportunidad de aprendizaje, humana y profesional. Y suele (debería) tener menos nivel de responsabilidad que una persona contratada, que recibe un salario por su trabajo.

En cooperación hay oportunidades laborales de meses y de años. Y es muy habitual cambiar de trabajo y de país con relativa frecuencia. Dependiendo de la organización para la que se trabaje (por lo general hay una diferencia abismal entre Naciones Unidas -y sus agencias- y las ONGs) se cobra más o menos, pero da para vivir. Y como los gastos en terreno suelen ser escasos (o suelen estar cubiertos) suele dar para ahorrar. No te vas a hacer rico/a (cualquiera entre la gente de mi promoción de medicina cobra más que yo trabajando en España) pero puedes vivir de ello. Y ese pequeño colchón de ahorros (y el paro), de tenerlo, te va a resultar necesario para los periodos entre un trabajo y otro, o si en algún momento decides cambiar de vida y dedicarte a otra cosa.

3. No es lo mismo cooperación al desarrollo que acción humanitaria.

El resto de sectores los conozco menos, pero en la rama sanitaria aquí se establece una diferencia bastante grande de planteamientos y está bien que los tengas en cuenta para tus decisiones.

En acción humanitaria, como profesional de la salud, tus misiones probablemente serán más cortas y con un mayor componente asistencial. Posiblemente requieras una extensa experiencia clínica y muy probablemente puedas alternar estas misiones cortas con un trabajo estable en tu país de origen. Hay posibilidades que permiten que personal médico y de enfermería pueda disfrutar de excedencias para hacer paréntesis en su labor habitual y se largue a operar en un campamento de personas refugiadas, a atender pacientes en medio de una emergencia humanitaria vinculada a un desastre o al brote de una enfermedad infecciosa, por ejemplo. En ocasiones, incluso, se diluyen los conceptos de voluntariado y profesión, cuando las excedencias son pagadas. Las medidas de seguridad suelen ser más restrictivas.

En cooperación al desarrollo, como profesional de la salud, tus misiones pueden ser mucho más largas y pueden constituir tu único trabajo. Te mudas a otro país y trabajas allí. Punto. El componente asistencial suele ser mucho menor porque en tu lugar de trabajo hay un sistema de salud que, mejor o peor, funciona y tiene su propio personal local. Aquí cobra una especial importancia tu formación en salud pública, coordinación y gestión de proyectos, y hasta tu versatilidad para poder dar orientación técnica a un programa de auditoría de muertes maternas, gestionar recursos humanos, hacer seguimiento administrativo de las actividades, realizar una planificación estratégica a cinco años y llevar la representación institucional ante los donantes y el Ministerio de Salud, por ejemplo.

A menudo las fronteras de esta dicotomía son difusas, evidentemente. Hay crisis humanitarias complejas con personas (como las saharauis) que llevan 40 años como refugiadas en medio del desierto, intervenciones asistenciales en estados con sistemas funcionales de salud, o acciones cuyo eje principal es la investigación, por ejemplo.

En cualquier caso creo que, si te estás planteando iniciar una carrera en este sector, es buena idea que te plantees desde ya qué orientación le quieres dar, porque pueden ser bastante diferentes (aunque según te vaya, lo mismo puedes saltar de una cosa a otra).

Voley playa, a pesar de lo evidente

4. Hace falta formación y experiencia.

Generalmente, quien se dedica a esto tiene una licenciatura/diplomatura, un par de máster, cursos complementarios en bastantes cosas, y habla dos, tres o cuatro idiomas. Por si fuera poco, raro es el puesto de trabajo para el que no piden de dos a cinco años de experiencia en puestos similares en países de rentas bajas. Si pensabas que bastaba con terminar la ESO, llenar la mochila con camisetas y comprar un vuelo de ida a Tanzania, hay altas probabilidades de que te lleves un chasco. Hay que currárselo.

Una vez, al pedir consejo a alguien con más experiencia, recibí una sugerencia que inicialmente me pareció muy rancia: “Mira los puestos de trabajo que se publican, trata de imaginar en cuáles te gustaría trabajar, fíjate en el perfil que buscan y piensa qué te falta a ti”.

Al poco tiempo me di cuenta de que era un consejo tan magnífico como evidente. Y no entendí por qué no se me había ocurrido hacerlo antes de liarme a preguntarle a todo el mundo.

Entre los mayores obstáculos para el primer trabajo, el hecho de que siempre piden experiencia previa. Y no es lo mismo tener experiencia previa echando algunas horas para ayudar en la oficina de tu madre, o en la tienda de barrio de tu tío, que haber pasado casualmente un año en Malawi trabajando en programas de salud sexual y reproductiva. La cosa se complica.

Si eres estudiante de medicina o enfermería (como mucha gente que me pregunta), siempre suelo sugerir lo mismo: comienza a trazar tu trayectoria mientras estudias. Yo aproveché mis veranos, desde tercero, a hacer voluntariado en otros países, y mis cursos lectivos para compaginar los estudios con voluntariado en barrios de mi ciudad e implicarme a lo grande en la asociación de estudiantes de mi facultad.

Sobra decir que una vez que pasas un par de años en Angola en tu primer trabajo, es más fácil encontrar un segundo.

5. Es menos romántico de lo que hayas podido escuchar por ahí.

No suelo ir llevando niñas heridas en brazos, ni dando discursos propensos a lagrimones en grandes cumbres mundiales. Cachis.

Nunca he realizado trabajo asistencial en acción humanitaria, pero te puedo asegurar que si tu trabajo como sanitario/a no es asistencial, gran parte de tu semana puede pasar leyendo y escribiendo emails, teniendo reuniones presenciales o por skype, redactando informes, propuestas de proyectos, planificando actividades o evaluando resultados. Según tus términos de referencia, también puedes tener que realizar formaciones al resto de personal sanitario, supervisar actividades en centros de salud y hospitales, actualizar indicadores sanitarios, trabajar en equipo para la elaboración de protocolos de atención médica, o acompañar a técnicos locales para hacer formación en servicio y fortalecer sus capacidades técnicas y de gestión.

Ni es una película de Bruce Willis, ni es una cadena de montaje, ojo. En mi experiencia, es un trabajo muy flexible, que exige creatividad, adaptación rápida a circunstancias cambiantes y grandes dosis de capacidad de resolución de problemas y trabajo en equipo. Por mucho que planifiques, gran parte de lo que hagas durante el día no se podía prever y a menudo terminas tirando del plan B, C y D. Según tu perfil, tu equipo, tu organización y vuestros proyectos, lo mismo también tienes flexibilidad para priorizar aquellas áreas en que eres más fuerte, o que quieres reforzar más, con mayor componente técnico o de gestión. Hay demasiadas variables en juego.

Yo desde luego, he disfrutado mucho más mi trabajo como técnico de salud acompañando y contribuyendo a mejorar la formación del personal sanitario local de centros y puestos de salud de Angola, mi rol como asesor técnico para el lanzamiento de un programa contra la malnutrición aguda severa en Mauritania, la coordinación del equipo de Médicos del Mundo en los campamentos de personas refugiadas saharauis, o el refuerzo a la vigilancia epidemiológica y la formación de personal de enfermería para la identificación y manejo de casos sospechosos de fiebre amarilla, que mi trabajo como médico interno residente en el departamento de medicina preventiva de un hospital en España. Hasta ahora al menos.

Contra la violencia de genero

6. Las condiciones pueden ser duras.

En ciertos lugares puedes tener tantas comodidades como en Burgos o Almería, claro, pero a menudo tienes que respetar medidas de seguridad enormemente restrictivas (salidas con escoltas, toques de queda, prohibición de moverte a pie a partir de cierta hora…), o vivir en cierta tensión por amenazas externas.

El aburrimiento, en ciertos lugares, también puede suponer todo un desafío. Pasar un mes en una aldea indígena de 20 casas en medio de la selva suena fascinante, pero cuando apenas un par de personas hablan castellano y resulta que no tienes ni red telefónica ni electricidad, las tardes se pueden hacer largas. Muy largas.

Enfermar lejos de un centro sanitario con personal cualificado y recursos suficientes suena exótico a más no poder pero no lo es. Lo mismo ocurre con sufrir frecuentes diarreas en zonas rurales en las que cagar al aire libre puede parecer una maravilla al lado de tener que entrar a ciertas letrinas; o en lugares donde ni siquiera hay letrinas.

Según donde viva, mi vida social puede tener importantes lagunas, por no hablar el idioma local, por las diferencias culturales, por las medidas de seguridad impuestas, o por lo restringido de las ofertas culturales y de ocio en un campamento de personas refugiadas.

También tiene su lado bueno, ojo. Tu entorno te puede ofrecer más tiempo para ti, la posibilidad de conocer culturas y formas de vida muy diferentes a las que conoces, aprender idiomas, o iniciar nuevas rutinas y aficiones. Además, tu capacidad de adaptación a nuevas situaciones se multiplica y tu disposición para conocer gente nueva y hacer amistades aumenta. Por si fuera poco, lo mismo es más fácil que estas personas tengan cosas en común contigo. Después de todo, por diferentes que podáis ser, habéis tomado decisiones similares.

Cuando veo las fotos que mis compis de destinos que yo ya he abandonado siguen publicando en Facebook, me suele entrar una envidia enorme. Vives muy intensamente con esas personas y las experiencias negativas se olvidan antes que los momentos buenos, que son muchos. Pero también te causa una sensación agridulce ver que caras que para ti eran habituales ya no están, y que en apenas unos meses hay muchísimas personas nuevas. Tienes que estar dispuesto a conocer mucha gente nueva y a verles marchar o quedarse, según.

7. Vas a echar de menos cosas. Y gente.

En ocasiones me he encontrado diciendo “todo lo que pido para los próximos seis meses es poder estar en un sitio donde pueda dar un paseo y comer de vez en cuando por ahí”, o “en mi próximo destino, como mínimo que tenga agua corriente, un generador eléctrico y conexión ocasional a internet” o incluso “en mi próxima salida no vuelvo a cometer el error de no traerme la maleta llena de embutidos, queso, chocolatinas, pipas, latas de berberechos y alguna botellita de ron”.

Y eso es solo lo material, que es lo de menos. Es más, lo mismo pronto te habitúas a que puedes prescindir de todo lo que no cabe en tu mochila de equipaje de mano.

Lo más gordo es tu gente, que se queda en casa. Tu sobri, que comienza a caminar y que lo mismo no te reconoce la próxima vez que subas (sí, subir) a verle, tus amigos y amigas, que en tu ausencia se reproducen como conejos, o hasta tu pareja, si consigues llevar la relación a distancia (argh). Según a qué te dediques, lo mismo pasan 6 o 12 meses entre visita y visita. Y si tienes un acceso decente a internet, Skype mejora mucho las cosas, pero el bajón que te queda cuando se acaba la llamada no te lo quita nadie.

Mi último cumpleaños, hace unos días, me ha pillado en Angola. Recibí felicitaciones desde España, Brasil, Argentina, Camerún, Angola, Canadá, Francia, Tíbet, Singapur, Campamentos Saharauis, Líbano, Grecia, Ecuador, Sri Lanka, Portugal, China, Mozambique, Reino Unido, Nepal, Turquía, Timor Oriental, Tanzania y México. Pero aún no he podido tomarme un trozo de pastel con mi familia, ni invitar a tapas a mi gente en Granada. En unos días lo haré, eso sí.

el taller de costura

8. Compaginar la vida personal y profesional puede ser muy complicado.

Cuando veo a quienes lo consiguen me entra una envidia enorme, para qué lo voy a negar. Y es que según donde estés, lo mismo tienes más dificultades para conocer gente, o menos privacidad, o todos estáis haciendo estancias cortas de meses, tras las cuales volvéis a viajar a la otra punta del planeta.

He visto a gente con hijos/as en España, parejas entre expatriados/as y locales (algunas funcionan y otras -muchas- no), gente que sacrifica su carrera profesional un tiempo para seguir a su pareja y luego espera que su pareja haga lo mismo años más tarde, o relaciones en las que lo de “a distancia” es lo habitual.

En otras ocasiones, simplemente, no puedes tener ambas cosas y te toca decidir. Una cosa o la otra. Y no siempre es fácil, ni sirven los consejos de los libros de autoayuda.

9. ¿Lo quieres hacer para toda la vida?

Al principio te puede parecer difícil conseguir tu primer empleo en terreno. Más adelante, puede parecer muy fácil ir alternando un contrato en un sitio con otro en otro país y una organización distinta. Es más, te puedes (y debes) permitir alternar periodos de descanso para retomar fuerzas entre un trabajo y otro.

La cosa es que con el tiempo (y mira que yo no llevo ni 5 años en esto) te encuentras con que, si tu perfil es versátil, esto te gusta, has conseguido aprender varios idiomas y no te importa moverte entre destinos diferentes, conseguir el siguiente empleo es relativamente fácil. En terreno, claro. Conseguir algo en España, o más específicamente en tu ciudad de origen (y más aún si no eres de Barcelona ni Madrid), puede ser un auténtico desafío.

Por una parte, la vida allá en el norte te puede parecer cómoda pero aburrida. Por otra parte, has ganado mucha experiencia en el extranjero y ni todas esas nuevas habilidades son tan importantes en tu país de origen, ni todas las que realmente son importantes se valoran. Entiendes muchísimo de los problemas de salud global en contextos de pobreza, sabes hacer presupuestos, coordinar equipos, solucionar problemas complejos, planificar a corto, medio y largo plazo, organizar formaciones y trazar protocolos, mover incidencia política y comunicación, llevar la representación institucional ante donantes, conseguir financiación y hasta quedas bien saludando en idiomas que unos meses antes ni sabías que existían. Pero no tienes el MIR, o ya hace demasiado tiempo que no te sientes cómodo atendiendo consultas de urgencias. O simplemente, tienes contactos enormemente útiles en montones de países que no son el tuyo.

No sé cómo lo harán otros/as (y aquí me encantaría escuchar opiniones) pero yo no dejo de formarme para tener un perfil lo más renacentista posible, y no dejo de mirar qué buscan en los (escasos) puestos que se publican allá y en los (escasísimos) que me gustan. Y no dejo de pensar en el plan B que debería tener en la recámara por si algún día decido, al igual que hice al coger el primer vuelo Madrid-Luanda, cambiar de vida.

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10. Engancha.

Oh, sí. Maldita sea, engancha. Engancha muchísimo. Al igual que hasta ahora, después de cada periodo largo (año y medio o dos años) de trabajo continuado en el Sur he sentido la necesidad de pasar un tiempito en España, no he conseguido que ese tiempito supere los tres meses.

En breve vuelvo a Madrid de esta escapada corta de mes y medio a Angola y ya tengo planes para emprender el vuelo de nuevo, en septiembre. A vivir, a aprender, a disfrutar, a sufrir y a pasar por los nueve puntos anteriores, uno por uno.


Esta entrada fue publicada inicialmente en “De las distancias”.

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