18 junio, 2016
fiebre amarilla

Médicos Sin Fronteras dio ayer un golpe en el espejo en que se reflejan todas las ONGs de cooperación al desarrollo y acción humanitaria: como respuesta al reciente acuerdo con Turquía y a las políticas migratorias de la Unión Europea, fundamentadas “en la disuasión y en alejar lo máximo posible de sus costas a quienes huyen de la guerra y el sufrimiento”, MSF rechaza, de manera inmediata, cualquier tipo de financiación de la Unión Europea y sus Estados miembros.

El anuncio de la ONG en Facebook, ayer por la tarde, se ha visto ya más de 130.000 veces, se ha compartido más de 42.000 y, de los 106 comentarios que ha recibido directamente, prácticamente todos son a favor de la medida. Se habla de valentía, compromiso e independencia. No creo que sea cuestión de valentía (su financiación por fondos públicos no alcanza el 10%), pero compromiso e independencia, sin duda alguna. Bravo.

MSF, una vez más, ha hecho algo enorme. A mí el anuncio me genera una mezcla de envidia (por ese 90% de fondos provenientes de donantes privados, que casi nadie tiene), admiración (por el compromiso que demuestran en que acción humanitaria va más allá de prestar asistencia sanitaria), respeto (por la capacidad de respuesta y de denuncia más allá de lo tradicional -y a veces poco efectivo-) y mucho más.

Pero la cosa no queda ahí. Ahora mismo, quien más y quién menos, en el tercer sector, se estará planteando un “¿y nosotros/as qué?”.

ingresos de ongs

¿Por qué no hacen lo mismo más ONGs?

He tomado los datos de las memorias anuales más recientes de un pequeño puñado de ONGs españolas que hacen cooperación al desarrollo y acción humanitaria en salud. Están ahí arriba. ONGs como Medicus Mundi o Acción Contra el Hambre no consiguen alcanzar el 20% de ingresos por donaciones privadas. Save The Children o Médicos del Mundo se quedan cerca del (ansiado) 50%. Pero ninguna se acerca, ni de lejos, al 90% de MSF.

Posiblemente sólo MSF puede permitirse rechazar la financiación pública europea. Ojo, que esto no les resta mérito. ¿Lo han intentado en serio el resto de ONGs?

gastos de ongs

Según las cifras de estas mismas ONGs, parece que hay relación con la inversión en captación de fondos privados. Parece también, sin embargo, que no es el único factor. Posiblemente la estrategia de comunicación que exista detrás también es un elemento clave. Probablemente también lo sea que MSF trabaja en emergencias muy grandes y mediáticas, lo que facilita y estimula las donaciones del público general. Con el apoyo de estas donaciones también se puede trabajar en otras emergencias “de segundo plano”.

¿Conseguiría fondos de donaciones privadas una campaña exclusiva para el -nada mediático- brote de fiebre amarilla que ya ha causado más de 300 muertes en Angola? Yo creo que no.

La cosa es que no todas las ONGs pueden desplegar equipos con rapidez en medio de Sudán del Sur o República Centro Africana como lo hace MSF. Incluso cuando la misión de la ONG encaja con este tipo de intervención, es necesaria una importante capacidad logística que garantice el transporte de bienes y personas, y la seguridad de éstas últimas. Esta capacidad, en parte, depende de los recursos económicos obtenidos por donaciones privadas, con lo que cerramos el círculo.

Pero de ahí a decir que no se puede lograr, va un rato. ¿Qué esfuerzos reales se están haciendo para conseguir más fondos privados y así evitar la dependencia de donantes públicos? ¿Y desde cuándo? ¿Y con qué estrategia?

El “face to face”, por las calles, es lo más efectivo para conseguir socios/as, pero para mí no es lo mismo –en absoluto– que quienes se pateen el centro de la ciudad sean personas de la organización (voluntarias o asalariadas) o subcontratadas a una empresa. Ni me dan igual sus condiciones laborales. Tampoco creo –en absoluto– que cualquier mensaje sea apropiado para apelar a las conciencias (uf) y evitar así las subvenciones públicas.

niño refugiado saharaui

¿Son malos los fondos públicos?

No lo creo. Es más, me parece fantástico y necesario que una proporción de mis (y tus) impuestos se dedique a acción humanitaria y cooperación. No es una cuestión de caridad, sino de justicia, y a ella pueden y deben contribuir los estados.

Los fondos públicos, sean a través de ayuntamientos, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, otras agencias gubernamentales (USAID, DFID…), la Unión Europea (ECHO), o Naciones Unidas, suponen más del 50% de la financiación de las intervenciones de la mayoría de ONGs.

Pero no son la panacea. El donante decide qué quiere financiar y qué no. Las ONGs pueden presentar 10 propuestas, pero quien tome la decisión final será quien desembolsa el dinero. Las propias bases de las convocatorias establecen qué regiones o países, y qué temáticas o áreas de intervención son prioritarias. Eso no es todo. A menudo los fondos prometidos no llegan, lo hacen con retraso o se interrumpen a mitad de la ejecución de un proyecto, dejando en la estacada a miles de personas. Además, los mecanismos de formulación de propuestas y justificación de resultados pueden suponer una gran carga burocrática y de trabajo, lo que puede disminuir la eficiencia de una intervención.

De agendas e independencia.

El problema principal está en que la agenda del donante -privado o público- condicione la agenda de la ONG, que limite su autonomía o que le obligue a secundar o ser cómplice de una política injusta que perjudique a las personas a las que por otra vía parece ayudar.

Una ONG no puede cumplir su misión si no dispone de fondos sobre los que ella tenga la última palabra. Si llevas 15 años trabajando en un país y de repente no dispones de fondos para continuar ahí (porque para el donante ya no es un sector o región prioritaria, por algún tipo de interés comercial) solo podrás continuar si tienes autonomía política y financiera. Tampoco puede cumplir su misión si el mismo donante que aporta dinero a una causa, la hace imposible por otras vías.

Donantes privados hay tantos como personas y empresas. Donantes públicos hay tantos como ayuntamientos, gobiernos autonómicos, gobiernos nacionales o instituciones supranacionales. Entre todos ellos, quienes suelen poner las condiciones y exigencias más razonables son las personas socias: no imponen un mecanismo único de formulación o justificación pero sí exigen transparencia y buenas prácticas; hay suficiente diversidad (muchas personas donando cantidades pequeñas) como para que alcanzado un nivel de financiación, no haya riesgo de que ésta desaparezca de la noche a la mañana, o entre un proyecto y el siguiente; y no financian proyectos sino la misión global de la ONG, dejando un margen de maniobra para perseguirla.

Pero a las personas hay que convencerlas con argumentos, con transparencia, enfoques sólidos, intervenciones eficientes, coherencia en los planteamientos y dejándolas participar e implicarse. Para complicarlo más, es necesario llegar a ellas, y eso requiere estrategias de comunicación trabajadas, inversión económica y -lo que más se olvida- una fuerte vinculación con la sociedad civil y sus movimientos: no se puede querer parecer una empresa y querer sentirse movimiento ciudadano al mismo tiempo.

Pocas ONGs pueden tomar hoy la decisión que ha tomado MSF sin que eso tenga repercusiones negativas en los proyectos que realizan y perjudicando a las personas titulares de derechos. Pero todas pueden plantearse si quieren seguir esa senda y cómo tratar de conseguirlo.

atenas estadio

A ti, ciudadano/a.

En mi opinión, MSF ha lanzado un mensaje potente a Europa: que no cuenten con ellos/as para imponer unas políticas migratorias que violan los derechos y dejan sin protección a quienes huyen de la guerra y la violencia. Se lo ha lanzado también, en segundo plano, al resto de ONGs de acción humanitaria y cooperación al desarrollo: en vuestra mano está decidir de quién aceptáis dinero para ejecutar vuestros proyectos, al margen de los comunicados que saquéis y de las actividades de incidencia política que llevéis a cabo.

Ahora bien, las personas de a pie también tienen que saber escuchar y asumir su parte: no se puede hacer acción humanitaria y cooperación sin vuestro apoyo directo e individual. Tu contribución voluntaria es imprescindible para que la ayuda llegue y lo haga de manera eficiente y a quienes más lo necesitan, dejando de lado el resto de agendas e intereses políticos o comerciales. Sin ellas, la única manera de conseguirlo es con donantes que son, simplemente, de peor calidad, aunque tengan más dinero.

No es solo eso: dile a tu gobierno qué le exiges en cuanto a políticas migratorias y de acción humanitaria y cooperación. Sal a la calle. Vota. Dar dinero, repartir mantas y atender pacientes ayuda, pero cuando el problema es político, la solución también debe serlo.

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