5 Septiembre, 2015

el dia de la vacunacion bNo te lo tomes a mal. No quiero decir que no sea bienintencionada. Quiero decir que tal vez sea insuficiente, o inmadura, o inútil, o artificial, o que esté mal encaminada. Y hay signos inequívocos de que si tu solidaridad es así, algo falla:

1. Es repentina y fugaz.

La inquietud aparece de repente, sin previo aviso, genera una profunda tristeza o desazón, y se desvanece tres días después sin mayor dificultad. Si saciamos la compulsión y hablamos del tema con amigos y amigas, o hacemos algo como un donativo (por pequeño que sea), desaparece aún antes, y con sensación de plenitud.

2. Tiene un fuerte desencadenante emocional.

No aparece como fruto de una reflexión profunda o racional, sino como respuesta a un evento estresante fuerte, como la visión de una desgracia personal de alguien, una catástrofe natural, un accidente, o un animal abandonado. La respuesta no es proporcional a la magnitud del evento, sino a su capacidad para evocar recuerdos, personalizar la tragedia (cuando las víctimas tienen tu mismo color de piel, viven como en tu barrio o visten como tus familiares), o a otros condicionantes externos (como un montaje a cámara lenta con la música dramática adecuada), al estilo de una película.

3. Es superficial.

La causa que genera la intención solidaria es desconocida. Si se trata de un conflicto, se desconoce cómo ha sido el desarrollo del mismo. Si se trata de la visión de pobreza, se desconocen sus causas. Se centra más en la intención de responder ante un estímulo triste que en el análisis de una injusticia.

4. Es simplista.

El acto solidario se entiende como evidentemente bueno y necesario porque parte de una identificación casi inmediata de los culpables y las víctimas de una injusticia, así como un diagnóstico inmediato del problema y una posible solución, o incluso de la única o mejor solución posible. No se contempla la necesidad de considerar posibles sesgos o errores en el proceso.

5. Es aislada o fragmentada.

La intención solidaria no es coherente con las decisiones habituales de la persona, o con su propio estilo de vida. Por ejemplo, a una persona con escaso interés por el sufrimiento de un tipo de animal, le preocupa el sufrimiento de otro tipo de animal, o a una persona con escasa sensibilidad hacia un grupo poblacional sí le importa ayudar a otro diferente. Esta solidaridad se canaliza a través de causas individuales, a pesar de la frecuente interrelación entre diferentes causas.

6. Es competitiva.

La solidaridad se plantea como limitada, en un contexto de suma global cero, de modo que se tiene la percepción de que si se es afín a una causa, se le restan recursos a otras. A menudo incluso se opta entre diferentes causas o prioridades enfrentadas entre sí por la propia persona que decide, a pesar de que la competencia entre ambas no es real, o es mínima (“o voto a favor de la asistencia sanitaria a inmigrantes, o peleo por la educación y el bienestar de mis hijos”).

7. Es cortoplacista.

Busca la consecución de resultados tangibles e inmediatos, de ser posible, generalmente vinculados a una satisfacción personal que reconforta. Por ejemplo, se prefiere realizar una donación económica inmediata, antes que revisar y corregir hábitos de consumo irresponsables e insostenibles.

8. Es caritativa.

Se valora el acto solidario por haber sido una decisión libre tomada gratuitamente, no por haber satisfecho una responsabilidad social o moral.

9. Es comercial.

La solidaridad adquiere el formato de compra de un servicio. En ocasiones, el propio acto solidario hasta va asociado a una compra real (“por la compra de tal, se donará una cantidad a un beneficiario X”), o forma parte de una estrategia de venta (“nuestra marca colabora con tal causa”). A menudo el mismo acto solidario replica los principios y valores que desencadenaron la injusticia inicial.

Pero se puede arreglar…

Si ahora mismo sientes enfado o frustración es normal. Es hasta necesario. Si te sientes ofendido/a, desoféndete. Cuando yo mismo me aplico estos nueve criterios me siento engañado.

En una sociedad donde la solidaridad nos la han vendido desde que nacimos como algo bueno siempre que se haga en una medida mínima, no transformadora, y nunca revolucionaria (porque revolución nos suena a violencia), ser auténticamente solidario/a es necesariamente difícil. Muy difícil. Tal vez, hasta imposible, a no ser que se rompa con las normas establecidas de nuestra sociedad, que nos obligan a competir por todo (desde un éxito deportivo, al acceso a una carrera, un puesto de trabajo, un nivel adquisitivo, o una pareja) y contra todos. Nos han vendido una solidaridad de mentira con unas técnicas de márketing perfectamente cuidadas, nos han convencido y nos la hemos comprado. Pero nos han timado. Es falsa, de cartón piedra. No vale. Eres víctima de una estafa terriblemente cómoda.

Se trata más de calidad que de cantidad. La solidaridad se debe aprender. Hay que ejercitarla. Para hacer algo coherente, eficiente y útil en cuanto la muerte de un niño inocente te sacude la conciencia hay que estar al día de las noticias haciendo una búsqueda activa de información contrastada, hay que dedicar algo de tiempo a colaborar presencialmente con voluntariado en las causas que quedan más cerca y accesibles, hay que asumir el rol activo que le corresponde a la ciudadanía en democracia, hay que tomar decisiones que nos complican la vida, hay que nadar contracorriente sin que nadie se entere, y hay que dar por sentado que en el camino perderemos cosas. Y todo eso antes de que el niño muera.

El mundo está hecho para que la ambición gane a costa de la bondad. Aún así, hace falta gente que entienda que la auténtica bondad en realidad se llama justicia. Y que el resto es una jodida trampa.

  1. Michel de la O Reply

    Me has dado unas sacudida. Muchos fingimos ayudar sólo como un acto de sentirnos bien por ese momento.

  2. Teresa. Reply

    Hace unos días me planteé si no sería demasiado pija para ir de médico colaborador al Sahara con un proyecto que me pareció interesante; tras leer tu post he obtenido la respuesta. Creo que, de momento, este tipo de proyectos son demasiado para mi. Gracias por hacérmelo ver, y seguro que los organizadores del proyecto y los saharauis también te lo agradecen.

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