18 abril, 2016
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Una frase con distinto significado para cada persona que la lee no tiene ningún valor en sí misma; o tiene tan solo el valor que cada uno le quiera conceder. Yo no le concedo absolutamente ninguno. Y es que tu “aquí” no es mi “aquí”. Es más, probablemente el significado de tu “aquí” cambia a cada rato, según te interesa.

Cuando dices “primero los de aquí” en respuesta a las demandas de asilo internacional y protección de todas las personas refugiadas que huyen de la persecución y la violencia, entiendo que te refieres a los de tu país. Pero cuando repites la frase en relación al pago de impuestos entre regiones dentro de tu país, entiendo que te refieres a tu comunidad o provincia. Es más, apuesto a que cuando se plantean aspectos de derechos o distribución de riqueza en tu país el “aquí” se acota hasta las cuatro calles de tu barrio, tu gremio profesional, tu clase social u orientación sexual. Si en tu barrio hay problemas el “aquí” se limita a tu familia y amigos. No te lo tomes a mal, pero llegado el caso de que haya que decidir entre otras personas o tú, dentro de tu familia, creo que te elegirás a ti mismo/a. No me das ningún motivo para pensar lo contrario.

Habrá quien defienda que el “primero los de aquí” responde a un instinto gregario de supervivencia. Lo de gregario, por lo expuesto anteriormente, lo pongo en duda: el amor a la manada se reduce conforme se compite por el mismo hueso. En cuanto a lo de instinto, me ofende. Un ser humano debería ser capaz de contrarrestar y compensar sus instintos con la razón y con valores morales. No hemos llegado a ser la especie dominante por nuestro instinto. Hemos llegado a serlo a pesar de él. Y cabe cuestionar si nos lo merecemos. Si tomamos la frase “primero los de aquí” y le empezamos a quitar capas: una capa de hipocresía, otra capa de egoísmo, otra de inseguridad y miedo, otra de odio a lo que produce ese miedo, y esa última capa, más dura, de instinto, lo que queda es un miserable y raquítico “primero yo”.

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Desde una perspectiva de salud global, además, el “aquí” no tiene sentido. Si quisiéramos, hoy podríamos tener en España a bajo coste medicamentos genéricos investigados en Canadá y Alemania y producidos en India, con una licencia legal lograda gracias a la presión de ONGs internacionales (algunas de ellas de origen francés), obtenida a través de un fondo mundial de patentes radicado en Suiza y respaldado por las Naciones Unidas. Hoy, vacunas o medicamentos logrados de la misma manera pueden ser necesarios para controlar un brote infeccioso surgido en Sierra Leona, Hong Kong, Honduras, Austria o Angola, y así evitar su propagación por el resto del mundo. Compartimos los resultados de la investigación desarrollada en Estados Unidos, China, Reino Unido, Brasil, Japón o Australia para entender a qué problemas nos enfrentamos y cuál es la mejor manera de hacerles frente.

Hoy tenemos en Grecia, Turquía, Jordania o Líbano personas refugiadas provenientes de Siria, Afganistán, Irak o Irán, como resultado de conflictos cuyas armas se han vendido desde Estados Unidos, Francia, Rusia o España. Los países que aseguran no tener capacidad económica para respetar los acuerdos y convenciones de derecho internacional y atender a estas víctimas lo achacan a una crisis financiera fruto, en parte, de la especulación en otros tantos países, deudas entre estados y con bancos extranjeros, y políticas de ajuste estructural promovidas por fondos internacionales. Para colmo, además, sus dirigentes poseen empresas en paraísos fiscales para evitar pagar los impuestos que financian los servicios sanitarios públicos de “aquí”, entre otras cosas.

Repetir una y otra vez la maldita frase no solo muestra una ignorancia negligente de cómo funcionan nuestros problemas y nuestras soluciones. También es una estrategia cortoplacista que nos aísla y debilita. El “primero los de aquí” no es solo levantar muros de alambradas y rechazar la apertura de vías seguras para la protección de refugiados y refugiadas. Es también tirar los camiones de fruta del país vecino, subvencionar el producto local y ahogar a las economías extranjeras, reducir las partidas de cooperación y acción humanitaria, expoliar los recursos de países extranjeros, o comprar cuotas de contaminación. El “primero los de aquí”, se retroalimenta solo para, a la larga, lograr que en el “allí”, cada vez más grande, no haya medicamentos accesibles para tratar la hepatitis C, no haya pensiones para quienes nos han mantenido durante toda su vida, se sucedan desastres naturales como las sequías, o que ganar 800€ en negro sin cotizar trabajando 50 horas a la semana sea un lujo que se etiquete como “clase media”.

Nos han engañado. Es todo una maldita trampa. Por mucho que nos lo vendan como un producto más al alcance de quien lo pueda pagar, el “aquí” no existe. El “allí” tampoco. Tanto tú, como yo, como todos/as los/as demás, estamos juntos en esto: compartimos el planeta.

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