22 septiembre, 2008
Dominó

El distraccionismo es una subestrategia geopolítica de control ciudadano, basada en el paraempoderamiento, y coordinada y dirigida por el gobierno global: el dinero y sus empresas.

Por medio del distraccionismo es posible dirigir a voluntad la atención de individuos y colectivos hacia una verdad parcial, sustentada en ideales nobles y objetivos a corto y medio plazo, y así mantenerles ajenos a las claves de la realidad, visible sólo para el gobierno global. El individuo, de este modo, se siente capaz de cambiar el mundo que le rodea, que no es más que la verdad parcial que se le ha permitido ver.

El distraccionismo se retroalimenta positivamente de manera proporcional a su expansión. Del mismo modo que varias personas en una barca remando en direcciones opuestas no se mueven, o que cuanto más corre el hamster más rápido gira su rueda en su eje, cuantos más individuos y colectivos crean que su verdad parcial es completa y que esa realidad debe guiar sus acciones, su productividad y rendimiento, como conjunto, disminuye. Como el objetivo y el ideal permanecen, la situación perdura y se vuelve cíclica.

Para ilustrar un concepto tan complejo, tal vez sea bueno usar un par de ejemplos:

  • El gobierno global crea problemas que mantienen entretenidas a las ONGs y colectivos del tercer sector, como la deforestación, la deuda externa, la destrucción del medio ambiente, la desigualdad Norte-Sur, la dramática situación de los inmigrantes, las violaciones de derechos humanos, el consumismo, los conflictos internacionales, las luchas por recursos naturales, los niños soldado, las personas sin hogar, o la mortalidad infantil. Mientras muchas ONGs e instituciones dedican todo su esfuerzo en intentar paliar estos problemas, el gobierno global ya tiene pensado como seguir extendiendo su sistema socioeconómico y político durante los próximos 50 años, cómo y a quiénes les va a quitar los recursos que necesita para ello, y con qué estrategias distraccionistas seguirá haciendo pensar a la gente que “otro mundo es posible y podemos conseguirlo“.
  • Mientras Bruno Abarca, autor de este blog (¡anda!), tiene que estar encerrado estudiando, y con la mente puesta en su vida, su gente, y su futuro, deja de tener tiempo y atención para leer, pensar, y escribir reflexiones incómodas. (De una verdad tan parcial como cualquier otra, claro).

El distraccionismo, a nivel global, consigue que hasta los más rebeldes vean la realidad que los poderosos les dejan ver, y luchen por los ideales que los poderosos creen conveniente dejarles tener. Mientras, los poderosos van modelando la sociedad de nuestros hijos, y van organizándose para hacerse con el petróleo™, el gas™, el agua™, el aire™, el tiempo™, y la vida™. ¿Pesimismo? Ah, sí, y con el pesimismo™.

  1. Chejoma Reply

    A un nivel mucho más llano, nos podemos encontrar como hace 40, 50 o 60 años.

    El futbol y los toros junto a las orejeras que se llebaban puestas, hacian que el pueblo no se preguntase cosas indebidas, cosas no correctas.

    El gobierno se preocupaba de su gente con estos medios, como ahora. En realidad poco ha cambiado: futbol, tele-basura, publicidad y poco más.

    Un saludo.

  2. manu Reply

    En realidad todos somos como ese ratón haciendo girar la rueda…no sé si podemos o no cambiar algo, aunque yo también soy pesimista, pero al menos ser conscientes de la realidad es un comienzo.

  3. Nirella Reply

    Con este artículo he recordado que hace tiempo me contó mi padre que en “su época” (tampoco hace tanto; digamos 30 años) había un grupo de gente que pensaba que no se debían apoyar las ONGs, porque hacerlo implicaba seguir manteniendo y perpetuando un sistema injusto en sí mismo. Porque para cambiar realmente el mundo y llegar a construir uno mejor, sería necesario mejorar las bases del sistema, no utilizar vías de “escape” que en la práctica, tampoco llegan a dar mucho de sí.
    No sé si es esto a lo que te referías…

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